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Mayo y tú.

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  Jungla de sensibilidad donde solo tú te enredas, como una hiedra frondosa intentando alcanzar el brillo transeúnte de una tarde de mayo.   Muestras en el jeroglífico de la piel tibia ceremonia de tu expresión, una sintonía me sugiere cada una de las mujeres que te dejan sus poderes en las avenidas de este mes que tanto tú quieres.   Las horas tienen su teoría, firman el equilibrio de tus pensamientos y revelan en tus ojos la deriva solitaria de un vértigo que tantea el deseo.   El signo es una palabra una latitud bailando tu silueta, esperando ser usurpada sometida y entregada en la simetría equidistante de una caricia en la tarde esperada.   Sutil unges la hora, el signo y el momento, vences al espacio lo veneras, con insinuado atrevimiento juega tu piel a dejarse adorar por el viento de este mayo inmerso en su comienzo.   Mayo tiene un duende que me confunde, una penumbra que te resalta y en su ca

Estas ganas.

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  Y es que estas ganas de irse todavía permanecen en ti, llegaron con sus minutos tan seguras de quedarse, sería tan sencillo no mirar las sombras que me dejaste, pero sigo colgado en cada historia con la que me hiciste enloquecer, con cada sonrisa que ofrecida a mis ojos me hacían volar hacia un te quiero que todavía hoy esta por llegar.   Escribía sobre las líneas de un mandala poemas de resistencia, llenando intervalos de silencios, arando renglones de amor, hundiendo mis semillas, regándolas con mi temblor, como un delito inoportuno juzgándose en el matiz de mi fe.   Y es que estas ganas de irse suman en tu color y restan en las brumas de un abril sin flor, arrecia en el viento su confesión, su dolor, álgebra triste palabra dorada, dormidos labios de amor.

Si supieras.

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  Si supieras cuanto tiempo te espere, las veces que me dije deseo que aparezcas en el café… los lunes se hacen eternos sintiendo tu fe, los martes estoy atento para beber tu té sabes que los miércoles te puedo entender, cierras los ojos sonríes y me vuelves a sorprender. Me gusta esa pizca de maldad que siembras en mi pensar, juegas los jueves a imaginar mi verdad, más no sabes si me dejaré alcanzar, los viernes me seduces con tus armas de mujer fatal y yo vestido de ingenuo tras tus tacones me dejo llevar. Si supieras cuanto tiempo te esperé, cuántas veces tras un cigarrillo te imagine, esparzo verbos y palabras manchadas de ternura callada, que cada sábado por la mañana como rayos de sol se cuelan por tu ventana y te hacen cosquillas dos palmos más arriba de tus rodillas. Te pones perversa como una feroz tigresa cuando los domingos dejo flores invisibles en tu puerta y entre alardes galantes me dejas ser arrogante mientras tú te vistes de interesante. Si supieras cuanto tiempo te e

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Gracias a los que en algun momento de mi caminar me han acompañado por estos senderos.

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